IMPACTO AMBIENTAL DE LOS PLÁSTICOS:

REDUCIR, RECICLAR Y REUSAR, LA MEJOR OPCIÓN.

Los plásticos son un factor determinante en la calidad de vida del ser humano. Es difícil concebir una actividad cotidiana o un producto creado que no contenga algún material plástico; sus ventajas de bajo costo, durabilidad, versatilidad y su mayor peso relativo frente a otros materiales, lo hacen prácticamente insustituible. Su consumo ha crecido, crece y crecerá anualmente mucho más de lo que incrementa la población.

Su alto consumo genera preocupaciones sobre la capacidad de manejar los desechos que, inevitablemente surgen al finalizar la vida útil de los productos. La primera respuesta a este hecho ha sido la prohibición de su uso, que ha sido notoria en las bolsas camiseta o de supermercado.

Como alternativa se han propuesto los llamados “empaques ecológicos” o “empaques biodegradables”. Los primeros se proporcionan como mas reusables que los plásticos y los segundos son recomendados porque son rápidamente absorbidos por la naturaleza, a diferencia de los plásticos convencionales.

Aparecen como soluciones fáciles y eficientes al problema de la contaminación con plásticos; pero, ¿lo son?

Las alternativas se enfocan en solo uno de los múltiples componentes de lo que se conoce como el “impacto ambiental” de un producto: su desecho.

Pero si se enfoca el análisis en todos los procesos que van desde, la extracción de la materia prima hasta el manejo de los desechos, se notara que hay una gran variedad de actividades de transformación que involucran consumo de energía, extracción de recurso, contaminación de aire, suelo y agua y generación de desechos.

Todo producto genera emisiones de gases invernadero cuando se extrae su materia prima, (así sea cortando algodón de una plantación), cuando se transporta, procesa, vende, consume, y desecha.

Mientras menos pase el producto requerido para cumplir una función, (por ejemplo, transportar 3kg de alimentos desde el abasto al hogar), menor emisión de gases invernadero habrá. Es decir, para tener un mejor impacto ambiental global, (desde la materia prima hasta el desecho), es necesario reducir el peso y tamaño del producto, manteniendo la función deseada.

Si el producto se logra reusar, todo el impacto ambiental requerido para su obtención, transporte, uso y desecho es ahorrado. Una bolsa plástica puede ser re-usada en papeleras, como lonchera, para recoger basura o simplemente, para volver a transportar mercancía.

Finalmente la mayoría de los productos plásticos se pueden reciclar. Minimizar el impacto ambiental se ha convertido en un requisito de diseño. Por ejemplo, el pupitre plástico además de tener una mayor durabilidad que la versión convencional de hierro y madera, puede molerse y volver a emplear la totalidad del mismo en la fabricación de otros pupitres.

Las 3R (reducir, reusar, y reciclar), considera la totalidad de los impactos al ambiente de manufactura, transporte, uso y desecho de los productos. Cuando se analizan globalmente, productos aparentemente inocuos, son cuestionados y viceversa.

Varios estudios independientes encontraron que la bolsa plástica convencional, tiene un significativo menor impacto ambiental que una bolsa “ecológica”, (de tela o de algodón), o de biodegradable (papel) cuando se consideran todos los impactos de estos productos que pueden afectar el ambiente. En uno de ellos se encontró que la bolsa plástica que se reúsa una vez tiene hasta siete veces menos impacto ambiental que la bolsa de papel y 327 veces que la bolsa de tela. Esto se debe a que las bolsas de papel y de tela, poseen impactos ambientales muy fuertes en sus procesos de obtención de materia prima (tala de árboles, obtención de algodón, contaminación de suelos y agua y transporte que el consumidor promedio no percibe fácilmente.

El tema del impacto de la actividad humana en el ambiente es complejo y sin soluciones sencillas. Nos ha permitido elevar nuestra calidad de vida, pero uno de los precios que pagamos es la afectación del medio ambiente. Encontrar un balance entre ambos no es tarea sencilla, ni existen soluciones mágicas ni obvias.

Nuestra recomendación es que todas nuestras actividades consideremos el principio de las 3R: reducir, reusar y reciclar.